Pasado y futuro
Malofiej 20

Visión interior. El jurado de Malofiej de 1995, del que fui presidente, otorgó una medalla de oro a la infografía de la ballena franca. Sobresalía claramente entre los cientos de gráficos desplegados en las enormes mesas. En nuestro grupo de debate, todos los miembros del jurado coincidimos de inmediato, por lo que resultó ser la decisión más sencilla del año. En la prehistoria de la infografía (antes de 1986), época que recuerdo perfectamente, el material gráfico se realizaba con lápices y se pintaba con pinceles. Tenía irregularidades e imperfecciones, pero también tenía vida. Esa riqueza se había perdido en su mayor parte en los primeros años de los ordenadores y el software. Sin embargo un frío lunes en Pamplona, volví a sentir esa calidez familiar. El gráfico de la ballena conectaba con el pasado y mostraba el camino hacia el futuro.

Arte. Durante ese primer periodo infográfico en Clarín, Jaime visito mi despacho en un viaje a Nueva York, y trajo consigo otro de los gráficos en los que usaba ese enfoque manual. Se trataba de un mapa de Ruanda, hecho de yeso, en un marco de madera, con una incrustación pintada en una cáscara de huevo. Era un gráfico delicado y dimensional, sofisticado y hermoso. Me recordó el trabajo del artista Joseph Cornell, que creaba mundos mágicos dentro de cajas. Era más que una infografíaa; era también arte.

Clarín. La ballena fue el comienzo de una mini revolución. Al usar una combinación de ilustración a mano, materiales reales, fotografía y PhotoShop, Jaime y su equipo de Clarín, se liberaron de las ataduras de usar programas basados en vectores. Por ejemplo, nos llevaron de imperfectas representaciones de vectores de animales a hermosos animales dibujados a mano; de fondos graduados mecánicamente a fondos reales, con textura. Sus trazos transmitían seguridad y control y comenzaron a recibir un sinfín de premios. Quizás buena parte de lo que hizo Jaime fue transportarnos a un tiempo pasado, a una época en la que la ilustración de calidad era fundamental en las infografías. Que ahora, junto con técnicas y diseño moderno, cobran una fuerza impresionante.
Fuera de Clarín. En los años siguientes pude observar numerosos intentos por parte de diversos departamentos infográficos de copiar el estilo Clarín. Y eran, con frecuencia, espantosos. Se pretendía crear gráficos dimensionales y hechos a mano, pero sin la habilidad ni la sensibilidad, o puede que sin los recursos, para llegar a ese nivel. Estos imitadores de Clarín nos sumergían en muchas ocasiones en un caos de ilustraciones, dimensiones y sombras de mala calidad. Naturalmente, igual que todos los excelentes estilos infográficos, sólo funciona cuando se lleva a cabo cumpliendo los más altos estándares.  El equipo de Clarín usaba los principios básicos de orden y jerarquía, junto con un excelente diseño en sus infografías. Su trabajo no era simplemente una excelente representación, si no que se trataba de narrar una historia de forma clara y concisa.

Por qué sigo amándolo. El gráfico de la ballena sigue pareciendo muy relevante en la actualidad. ¿Cuál es el motivo? Después de ver diez millones de visualizaciones de datos, con frecuencia frías, estériles e infinitamente intercambiables, considero que las personas pueden necesitar algo de calidez en la infografía. Y tomando prestado el excelente título del libro de Alberto Cairo, están buscando algo de ‘arte funcional’, donde la belleza y la información trabajan juntas para involucrarnos e informarnos. En nuestro ámbito no se puede pedir más.


Mapa del genocidio de Ruanda. Revista Viva, Clarín, Argentina 1996