"Las estadísticas hablan de todos, es decir, de nadie"
Entrevista de Aljaz Vindis
Inglés y esloveno
Fundación BrumenEslovenia 2017
Lectura, alta resolución













Entrevista en castellano

Cuando comenzó su carrera, ¿cómo se veía la escena en la infografía? ¿Ha tenido muchas referencias nacionales y extranjeras a las que recurrir, o tuvo que calcular la mayor parte usted mismo?


El año 1982 apareció el diario USA Today señalando algunas direcciones nuevas para el periodismo en papel: fotografías más grandes, textos más cortos, cuerpos tipográficos de mayor tamaño y el uso habitual de gráficos estadísticos ilustrados; una forma que podríamos considerar hoy como protoinfográfica. Dos años después, en 1984, Apple lanzó su primer ordenador Macintosh, una herramienta que facilitaba el trabajo vinculado al diseño y permitía una producción veloz, acorde a las necesidades de un medio diario. El fenómeno tecnológico permitió que el fenómeno cultural, marcado por USA Today, se expandiese.

En aquella época todos los diarios de España estaban construyendo sus departamentos de infografía. Fue un fenómeno que no se produjo en otros países hasta muchos años después y que nos puede ayudar a comprender por que existe hoy una poderosa escuela de infografía española que trabaja y dirige los departamentos de algunos de los más importantes medios del mundo.

España en los años ochenta se encontraba inmersa en un proceso de transición política, de una dictadura a un régimen democrático, que obligaba a todos los actores sociales a una profunda transformación ética y estética. El periodismo fue, probablemente, uno de los actores que no solo cambió si no que lideró el cambio: no era posible explicar, construir, un régimen democrático con medios de comunicación fascistas o sencillamente con reminiscencias a una concepción socio-política 
que quería dejarse atrás. Por esta causa los medios españoles actuales nacieron a fines de los setenta y principios de los ochenta (El País, El Mundo, El Periódico) o se sometieron a un cambio de tal envergadura que de hecho devinieron en otros, en unos nuevos (ABC, La Vanguardia). 

En lógica incorporaron la tecnología y los conceptos de los años en que nacieron y en aquellos años la infografía despuntaba como una narrativa nueva y prometedora.

En ese contexto y procedente de la ilustración, llegué a la infografía periodística.

En los diarios no existía una idea clara de lo que debíamos hacer. Nadie la tenía, ni los que seríamos infografistas –en aquel momento no se puede decir que lo fuésemos-, ni los redactores, ni la dirección de los medios. Estábamos experimentando, buscando la manera.

Pertenezco a la generación que construyo la infografía como profesión. Infografía es un termino alrededor del cual se aglutinaron distintos oficios que anteriormente no tenían una definición clara y que el infografista moderno ha a aprendido a dominar y combinar hasta crear algo nuevo.

Precedentes que ahora parecen obvios como el ‘Mapa del cólera’ del Dr. John Snow, los gráficos estadísticos de William Playfair o el trabajo de Charles Joseph Minard eran desconocidos para la mayoría de los profesionales que llegamos a la infografía en aquellos años. Sin embargo, posteriormente, fueron estos precedentes entre muchos otros, los que nos ayudaron a definir el camino que debíamos tomar en un medio de comunicación.

Los profesionales formados en aquella época hemos tenido pocas referencias directas de la infografía periodística. ¡No habían! Nos copiábamos unos a otros. El método era, más bien, ensayo error.

No obstante, si se pueden destacar algunos colegas contemporáneos que habían iniciado el camino analógicamente unos años antes y que tuvieron una mayor influencia en mi generación. Este es el caso de Nigel Holmes, quien desde Time Magazine y gracias su enorme talento elevaba la misma línea de diagramas estadísticos ilustrados del USA Today a un nivel superior, tanto comunicativo como gráfico. Mi trabajo conocido como ‘el gráfico del pan’ seguramente no habría sido posible sin la influencia de Nigel.

Pero quizá el referente contemporáneo más importante de aquellos años sea el trabajo de John Grimwade, el uso de la paleta de colores con fines comunicativos, la aparente simplicidad de unas ilustraciones rigurosas con la realidad y, sobre todo, el sometimiento de la estética al contenido informativo fueron fundamentales en la profesión. Desde mi punto de vista Grimwade sentó algunos de los principales criterios que siguen rigiendo la profesión en la actualidad.

Pero estas son solo algunas referencias directas de la infografía periodística de aquellos primeros años. Las influencias son un tema muy importante para mi. No me parece que sea posible crear algo absolutamente nuevo. Siempre se trata de la adaptación de una adaptación de una adaptación… Una persona atenta, abierta y sensible esta expuesta a todo tipo de influencias todo el tiempo, desde todos los entornos. Esas influencias están ahí cuando trabajamos. Cuanto mayor es el número y más variadas son, más se desdibujan y más personal parece finalmente el resultado de nuestro trabajo. Mis influencias desde el ámbito de la infografía son poquísimas. Son mucho más numerosos los casos desde el diseño gráfico, las artes plásticas, el cine, la literatura y muy especialmente la música. Puede resultar extraño, pero yo siento que la poética de Bob Dylan, el cine de David Lynch, los poemas de Whitman, las pinturas de Bacon, el diseño del colectivo Tomato o las reflexiones de Andrea Fraser, han influido en mi trabajo más que otros infografistas.

Hay que diferenciar también entre influencias y referencias. Los referentes por fortuna son pocos y difíciles de encontrar. El referente modifican el modo en que vemos el mundo y por tanto nuestro trabajo de modo más profundo.

Como referentes siempre cito al escritor W. S. Burroughs y al artista Marchel Duchamp. Ambos han sido y son un catalizador de cambio en mi visión del mundo en general y de la comunicación en concreto. Otros vienen y van, pero siempre regreso a Burroughs y Duchamp.


En más de 20 años de carrera infográfica, viajando y conociendo a colegas de todo el mundo, ¿cómo ha visto cambiar la profesión desde entonces?

Se ha popularización el termino, ahora si digo que me dedico a la infografía, quien me escucha cree saber de que se trata. En veinte años hemos visto como se implementaba la infografía en todos los medios de comunicación. Primero en papel, luego en los soportes digitales. Se han asentado una serie de conceptos, de criterios que definen la profesión, un marco dentro del cual moverse. Hemos pasado del ensayo/error a unos parámetros –casi- académicos. En la mayoría de medios el infografísta ha pasado de ser considerado un artista gráfico a un periodista más con una herramienta singular para el ejercicio de la profesión. En los ochentas se abuso de la cantidad y el tamaño de las infografías ilustradas, a veces con información deficiente; en los últimos años y hasta hace poco el abuso se producía en visualizaciones de datos difíciles de comprender y de poca calidad informativa. Tras estas modas hemos encontrar el uso adecuado en cantidad y calidad.

En resumen: la infografía ha madurado, hoy es mucho más sería y confiable. Esto ha supuesto también cierta perdida de improvisación, de frescura, de sorpresa. Aspectos que no me parecen despreciables.


Su conferencia en la Bienal Brumen se ha estructurado en torno a las lecciones de advertencia de la recopilación, el análisis y la comunicación de datos. Viniendo de un periodista maestro y artista infográfico, muchos de los asistentes tal vez se sorprendieron al escucharlos. ¿Siente la necesidad de hablar en contra de un hecho y la obsesión de datos de la sociedad?

Es cierto que en la presentación fui muy claro al respecto: “los datos colectivos no pueden aportar nada de valor al individuo”. Con ello no quiero decir que no puedan resultar un aporte valioso al colectivo. Pero no se deben utilizar como reflejo de los deseos de los individuos y, sobre todo, debemos guardarnos de intentar vernos reflejados en ellos, pues solo conseguiremos desconcierto y frustración. Los datos del colectivo somos todos, por tanto no son nadie. Son un mito. Una especie de mentira.

Cuando mi trabajo se encuentra expuesto en un espacio de arte o es difundido por un medio de comunicación, esta ‘advertencia’, como tu le llamas, no es evidente. Al menos no en una primera lectura para la mayoría de personas. Por supuesto se puede extraer la conclusión del absurdo, cuando no del peligro, que la datificación del individuo puede reportar, pero esa es solo una parte del mensaje y, desde luego, no la primera ni la más relevante. Yo no tengo un especial interés en advertir sobre el potencial peligro de la datificación. Es una lectura obvia para un erudito en comunicación, no para un espectador/lector común. Para estos creo pasa desapercibido.

Utilizo datos para intentar trazar al individuo. Los datos son el canal –podría ser otro- lo importantes el tema: el individuo. Aprovecho esa obsesión moderna por los datos para que mi trabajo resulte efectivo. No es mi interés por los datos, es el interés de los demás por ellos el motivo por el cual los utilizo.

Para quien no está familiarizado con las técnicas narrativas visuales de la infografía el primer mensaje es el contenido, lo que los datos explican. En mi trabajo al tratarse de datos de una única persona (generalmente yo mismo) el mensaje es lo que hace una persona concreta, frente a una situación concreta en un momento dado concreto.


¿Vas a decir que datificación se ha convertido en una ideología, incluso en la predominante?

Ideología es una palabra de calibre grueso, pero sin duda nunca antes los datos habían gozado de tanta presencia ni se les había otorgado tanto valor. En gran medida por una cuestión muy sencilla: no disponíamos ni de la cantidad ni de la calidad de los actuales. Hoy se recogen cantidades ingentes de datos que van directamente de nuestros terminales informáticos a los data center. Anteriormente se interpelaba al ciudadano, con el lógico margen de ‘error’ que hoy no existe. ¿Donde estabas el 3 de marzo a las 10.13h cuando comprabas un libro en internet y como te sentías escuchando determinado tema musical? Es algo que no podemos recordar. Gobiernos, entidades ‘públicas’ –entre comillas-, empresas privadas como Google, Instagram, Spotify, Facebook, Amazon… lo saben y lo tienen almacenado en forma de datos. En cuanto a conducta cuantificable se refiere, saben más de nosotros que nosotros mismos. Por tanto es innegable la presencia e importancia de los datos hoy. Estamos en un mundo donde vivir es colaborar con los datos.

La infografía, una herramienta de comunicación de por si vinculada histórica y culturalmente a la ciencia y, más recientemente, al periodismo de precisión —es decir a la búsqueda de la panacea de la objetividad— puede ahora dibujar realidades que no podíamos ver —acaso imaginar— gracias a una nueva materia prima obtenida sin la intermediación del factor humano: los datos digitales. Nuevas tecnologías nos permiten procesar billones de datos y crear representaciones visuales que incluyen todos los datos. No son estadística, no hablamos de promedios, no están editados. Por tanto mis datos están incluidos. Esto ejerce un poderoso efecto seductor sobre las personas: en los datos estoy yo: yo soy los datos.

Finalmente, presentado con una estética efectiva (paracientífica), el resultado es entendido demasiadas veces como ‘verdad’. En este sentido los datos han tomado el relevo a la imagen. No hace demasiados años se confundía la fotografía o la imagen televisiva con ‘la verdad’. Afortunadamente hoy somos más críticos con los medios de comunicación en general y en particular con la representación de la realidad mediante la imagen. Sin embargo aprecio una especie de fe en la visualización de datos. Cuanto más compleja y mayor número de datos contenga una visualización de datos más ‘verdad’ parece ser. La fe es muy peligrosa: uno se encuentra expuesto a tragarse las mentiras más increíbles. Mentiras que se producen demasiado a menudo, a veces como resultado de una mala praxis profesional, sin una deliberada ausencia de ética, pero que finalmente tienen el mismo pernicioso resultado.


A pesar de la rápida difusión de la visualización de datos, los artistas infográficos españoles (y latinos) se han conocido a lo largo de los años por una gran habilidad ilustrativa, creando a menudo gráficos explicativos elaborados, incluso a mano. ¿Qué dirías que contribuyó a esto?


Mientras que de la infografía ilustrada podemos encontrar ejemplos editoriales desde el año 1.700, la visualización de datos es un fenómeno relativamente reciente. Como comentaba en la primera pregunta España gozó de un lugar privilegiado en la popularización de la infografía periodística de mediados de los años ochenta. En aquella época no existía visualización de datos como hoy lo entendemos. Generalmente se trataba de ilustraciones descriptivas y de representaciones estadísticas. Por tanto tiene sentido que los profesionales españoles y posteriormente los latinos, desarrollaran una especial destreza en esta forma de infografía.

En cuanto a la elaboración de este tipo de trabajos ilustrados de forma manual el trabajo que desarrollamos en el diario argentino Clarín creo que tiene un lugar protagónico. A la vista de la cantidad y el tipo de trabajos que se elaboraban en Latinoamérica a mediados de los noventa, cuando llegué a Clarín para construir el departamento de infografía, la impronta es evidente. En aquellos años en España y EE.UU. las ilustraciones de las infografías se realizaban casi exclusivamente en ordenador. En Argentina no se publicaban infografías, no habían referentes cercanos y eso supuso la posibilidad excepcional de replantear conceptos que en España dábamos por cerrados. De ese espacio nacen una serie de trabajos elaborados íntegramente con técnicas manuales, más cercanas a las artes plásticas que a la ciencia, de los cuales ‘La ballena franca’ sea, quizá, el caso más conocido.

Hay que tener en cuenta que en aquella época Clarín, con una tirada diaria de un millón doscientos mil ejemplares diarios vendidos era, con mucha diferencia, el diario en habla hispana con mayor difusión del mundo. Clarín se encontraba inmerso en un profundo proceso de rediseño y reingeniería y otros grandes medios del continente estaban muy atentos al resultado. Durante los años que dirigí el departamento de Clarín trabajé, también, como asesor para otros medios de gran influencia en otros países de la zona como Folha de Sao Paolo o Editora Abril en Brasil o El Comercio y La República en Perú. Mis asesorías incidían, entre otras cosas, en las posibilidades expresivas del trabajo manual más plástico. También parte de mi trabajo como asesor consistía en la recomendación de un profesional que pudiera crear un departamento como yo había hecho en Clarín. Evidentemente elegía profesionales en sintonía con mis criterios que desarrollaron trabajos muchas veces ganadores de premios internacionales. La influencia de Clarín en aquellos años se puede apreciar también académicamente mediante diversas tesis doctorales en semiótica y comunicación, como la conocida A construçao da expressividade na infografia: um estudo de criaçôes de Jaime Serra' de Marcelo Plieger, uno de los más destacados profesionales de Brasil.


Su reciente trabajo, y la conferencia en la VIII Bienal Brumen, le ponen la vida personal frente y centro, a menudo en detalles íntimos. ¿Qué motivó su cambio de trabajo periodístico?

Es evidente la diferencia entre el trabajo que realizaba a fines de los años 90 y principios del 2000 y mi trabajo actual. Sin embargo yo no lo he vivido como una ruptura. Lo siento como una evolución lógica de los que siempre han sido mis intereses y encuentro entre ambos periodos muchos nexos en común.

A diferencia de ahora, a fines de los años noventa mi interés se centraba más en la narración que en lo narrado. Sin embargo si mis trabajos resultaron innovadores de esos años, no fue solo por el aspecto formal rupturista en que eran tratados, este era el aspecto más evidente. En muchos casos también era singular la temática tratada; una cuestión sobre las que en aquella época ya tenía el control: la elección de los temas a tratar dependía de mi. Temáticas cotidianas, populares, sobre las que el lector, quizá, nunca se había cuestionado y que los medios no trataban, abordadas desde un punto de vista que tenían como eje central al lector, al sujeto. En algunos casos interpelándole a participar.

Es evidente que en mi trabajo ha habido una evolución radical en este sentido: desplazar al sujeto del centro hasta convertirlo en el propio tema. Si antes el tema era la yerba mate, ahora es el café que consume un individuo concreto; si antes era todo lo que se puede saber sobre nuestra sexualidad según el modo en que escribimos, ahora es la vida sexual de una pareja en concreto.

El hecho de que antes me centrase en describir y ahora en analizar, tiene como resultado que haya pasado de unas representaciones realistas a otras abstractas. Pero aquí también existe un nexo: su tratamiento analógico. Antes suponía un modo de acercarse al lector mediante la calidez del trabajo manual y de potenciar el contenido informativo mediante el estilo y la técnica. El trabajo manual resulta en una pieza única, que ahora enfatiza en que lo representado –datos- corresponde a una persona concreta. Una pieza única sobre un único individuo. Tampoco es un tema menor lo paradójico que resulta tratar de este modo los datos, que toman relevancia con el mundo digital.

Finalmente el hecho de que ahora además de publicar en medios exponga mi trabajo en espacios de arte también me resulta un proceso. Una ampliación del campo de batalla: no se trata de renunciar a la mirada de ‘el lector’, si no de sumar la de ‘el espectador’, ambas muy diferentes. El papel escrito y la sala de exposiciones son ámbitos complementarios donde los mismos trabajos –para mi sorpresa- funcionan.

Con todo lo dicho, aunque quizá los cambios sean pocos, son tan importantes que, al menos en primera instancia la diferencia entre ambas épocas resulta radical.

Algunos colegas, especialmente del ámbito artístico, sugieren que me he desplazado claramente del periodismo al arte. Otros, del ámbito periodístico, que se trata de un nuevo y singular modo de hacer periodismo. Para mi, que en esta evolución temía desplazarme del periodismo a ninguna parte, ambas opiniones resultan motivo de celebración.


Su conferencia comenzó describiendo la relación íntima con su esposa, a través de una visualización de datos. Más tarde nos mostró gráficos de la dinámica emocional de su familia y un análisis de los hábitos de recolección de su hijo. ¿Cuán importante es para usted contar las historias humanas detrás de los datos?

En mi trabajo me represento a través de la datificación de mi actividad cotidiana, o mejor dicho de la percepción de esta. En efectos prácticos estas datificaciónes no tiene ninguna utilidad. No necesito realizar una visualización para saber, por ejemplo, que la relación con mi pareja es buena o está en crisis. Tampoco me parece que mis datos puedan ser interesantes para los demás. Yo no soy nadie. Pero es esto, precisamente, lo que permite que la propuesta funcione: el espectador pone el foco en el tema y en la forma de visualizarlo más que en los propios datos representados. De tal modo que casi de forma inconsciente se encuentra construyendo mentalmente su propia datificación, con sus propios datos, utilizando la representación propuesta en mi visualización. Cuando esto sucede lo considero un caso de éxito.

El sujeto, el individuo, es lo más importante para mi. Es, de hecho, lo único importante. De ahí que los temas sobre los que trabajo sean comunes a cualquier ser humano: la sexualidad, la relaciones sociales, los hijos… Son temas relevantes por que forman parte del humano, se practiquen o no, se aborden o se quieran ignorar. Mi trabajo habla de un individuo cualquiera, concreto y mesurable e invita al espectador a que empatice con el para poder verse a si mismo reflejado. Quiero pensar que mi trabajo es un ‘yo’ con el que cualquiera puede vestirse.


Con todos los desarrollos recientes en infografía y visualización de datos, ¿dónde ves el periodismo visual evolucionando en los próximos años?

El periodismo visual, el fotoperiodismo, el diseño editorial, todas las facetas que forman parte del periodismo escrito –entendámoslo así, ya que finalmente contienen o acompañan la palabra escrita- corren de la misma mano. Si el futuro del periodismo es bueno, la infografía en concreto y el periodismo visual en general, gozará de un excelente futuro. El soporte, analógico o digital, no es relevante. Ese no es el debate. Se puede hacer buena infografía en ambos soportes adaptándonos a la singularidad de cada uno. El debate es sobre el periodismo escrito en si mismo. Sobre su supervivencia cuando el modelo de negocio que ha funcionado durante todo el pasado siglo esta en una profundísima crisis de la cual no se sabe como salir. El problema no es la inevitable muerte del papel, el problema es que no hemos encontrado un buen modelo de negocio para hacer periodismo en soporte digital. A la luz de este presente no puedo augurar un buen futuro para el periodismo escrito. Lo cual me parece grave para la salud de nuestros modelo social.

El presente y el futuro del periodismo está en la radio –¡quien nos lo iba a decir!- y en la televisión, el soporte visual por excelencia, donde, probablemente por su propia naturaleza visual, la infografía ha sido menos relevante: es menos necesaria.

A diferencia de décadas pasadas, hoy algunas de las mejores infografías ya no se hacen con fines periodísticos. Se han abierto nuevos espacios donde la infografía se intuye necesaria: la publicidad, las redes sociales, las aplicaciones para teléfonos móviles… En la visualización de datos no se trata de si la infografía tiene futuro, los datos sin la infografía no se podrían visualizar, por tanto, en la practica, los datos sencillamente no existirían.

Estamos en el mejor momento para la infografía y lo es, también, para el infografísta. Hoy cualquier ciudadano lleva encima al menos un dispositivo con el que capturar imágenes y dispone de acceso a plataformas de difusión de esas imágenes. Algo parecido sucede con la palabra. Pero no cualquiera dispone de las herramientas físicas y de conocimiento para hacer una infografía, ni las redes sociales permiten una difusión que explote su potencial. Así que la demanda de infografías es más alta que nunca mientras que el número de profesionales cualificados es insuficiente. Pero esto supone también un factor peligroso: la deficiente calidad de los resultados debido al intrusismo profesional. La mala praxis es algo cotidiano, hasta el punto en que se denominan infografías ‘cosas’ que no lo son. De alguna manera siento un ‘déjà vu’: hemos regresado a principios de los años 80 cuando los conceptos de la profesión no estaban claros. Basta realizar una búsqueda de imágenes en Google con el termino ‘infografía’ para encontrase con que lo que incluyen las primeras páginas del resultado de búsqueda son cualquier cosa menos infografías. Así que, como decía antes: "ahora, si digo que me dedico a la infografía, quien me escucha cree saber de que se trata”, pero sospecho que hablamos de cosas distintas. 


Conversando con Aljaz en Liubliana


Links relacionados:
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'Dialograma'
Monográfico sobre el sismo mexicano del 19 de septiembre del 2017
Centro de Cultura Digital, Ciudad de México, 4 de noviembre del 2017




Delimitación del 'terreno de juego'. Sin distinción de jugador. (página 45)



Hace poco más de diez años el diario de Barcelona ‘La Vanguardia’ se encontraba inmerso en un profundo rediseño dentro del cual se pretendía que la infografía tuviera un espacio protagonista. El proyecto estaba dirigido por Pablo Martín, sin duda uno de los mayores profesionales del diseño editorial de nuestro país. Rosa Mundet, creadora del Departamento de Infografía de ‘La Vanguardia’ a finales de los años ochenta, dejaba la dirección del departamento para centrarse en el diseño de suplementos.

En ese marco, y como consultor externo, inicié mi relación con el diario, desarrollando el más amplio manual de estilo que había elaborado hasta la fecha y aplicándolo a numerosos números cero que marcaban la pauta de lo que debía –deseábamos- que fuera las nueva infografía del diario. La afortunada colaboración desembocó en mi incorporación a la redacción como responsable de la infografía del diario y sus suplementos.

En la década que he dirigido el departamento varios colegas se jubilaron, entre ellos Jordi París, que había dado forma y dirigido el departamento junto con Rosa Mundet desde inicios de los noventa. París fue uno de los impulsores de la infografía en España y un referente personal por su personalísimo estilo.

Otros profesionales se incorporaron a la sección: Alan Jürgens, que participó del proceso de rediseño y con el cual ya había trabajado anteriormente en Clarín. Clara Penín, formada como infografísta en el propio diario y Raúl Camañas al que conseguí seducir para que dejase su Valencia natal y se mudase a Barcelona. Estos nuevos profesionales junto con el experimentando equipo ya existente, son los primeros responsables del trabajo de una década cuyo balance valoro de forma extremadamente positiva.

'La Vanguardia' me ha permitido desarrollar plenamente la forma en que entiendo mi oficio y me brindó, también, la posibilidad de experimentar de forma radical mediante una columna que en formato de opinión publiqué durante siete años y que, de alguna manera, es la responsable del transito hacia los nuevos caminos que desde hace unos años abordo y a los cuales ahora deseo dedicarme en exclusiva.

Por este principal motivo recientemente he dejado el diario. Con el mismo entusiasmo con el que me incorporé. Apasionado con numerosos proyectos con los que seguir aprendiendo, ahora hacia nuevos y desconocidos caminos.

Tengo la enorme fortuna de dejar el diario en un momento dulce en lo que a su infografía se refiere. Valga, sólo como acento de ello, el hecho de que en la última edición de los premios Malofiej, los más prestigiosos de la profesión, 'La Vanguardia' viera reconocido el trabajo hecho durante el año 2016 como el diario más premiado del mundo, solo por detrás del siempre imponente New York Times.

Un nivel que estoy absolutamente convencido que se mantendrá –si no aumentará- tras mi partida. La más clara prueba de ello la tenemos en que, de hecho, ya es así: con interrupciones, durante buena parte del año pasado y del 2016 no he ocupado la dirección del departamento, siendo pues el excelente equipo profesional y humano que he tenido la fortuna de acompañar, el único responsable del gran trabajo que diariamente ha seguido publicado el diario.
 
Son muchísimos los trabajos hechos por la sección de los que me siento orgulloso. Podéis ver algunos en el enlace de mi blog 'infografía periodistica'. Sin embargo tengo especial cariño, seguramente por lo singular de la propuesta, esta visualización que para comparar los datos había que poner el papel a contraluz.

Campaña electoral de Demócratas y Republicanos. Interactuando con los lectores.

Conversando sobre infografía con Hernán Ordoñez

'La transición de la infografía en el periodismo online' (título provisional) 
Tesis para el doctorado de William Robson en la Universidade Federal de Santa Catarina (Florianópolis, Brasil) en la Universitat Autonoma de Barcelona. Dirección de Raquel Ritter Longhi. 
Investigación vinculada al Programa de Postgrado en Periodismo: Tecnologías, Lenguajes e Innovación en el Periodismo.
Enero del 2018, Barcelona

¿Cómo ve la utilidad de la infografía en el periodismo actual, especialmente la practicada en Internet?
Lo que realmente me parece preocupante es la utilidad que pueda tener el tipo de periodismo que mayoritariamente se hace en la actualidad. Todavía más en un tiempo en que frente a la avalancha de desinformación generada -muy especialmente- en las redes sociales, la labor periodística se me hace más necesaria que nunca.

Internet dinamitó el modelo de negocio que había funcionado en papel durante el pasado siglo y no hemos sido capaces de encontrar uno nuevo para este mundo nuevo. El resultado es una nueva situación económica –ya no es crisis: se ha instalado- que, inevitablemente, afecta a la calidad: estamos viviendo, con toda probabilidad, la época con la calidad de la información en los medios más deficiente.

En las dos últimas décadas la infografía se ha mostrado como una herramienta muy útil en la practica periodística. Primero desde el papel como punta de lanza del periodismo visual y, desde la aparición de internet, como una herramienta pluridisciplinar que ha abierto nuevos modos de informar interactuándo –incluso- con el lector.

No obstante, aún y siendo una herramienta muy valorada por los lectores es la más prescindible de todas: no es imaginable un medio sin palabra; difícilmente sin fotografía, pero se hacen muchos medios sin infografías, no necesariamente peores que los que si las incluyen. La infografía sigue siendo un plus.


¿Cuáles son los software que usted recomienda y utiliza para la producción de infografías estáticas y para infografías online?
Frente a la importancia que se le otorga a la tecnología, aclarar, en primer lugar, que cualquier software es prescindible. Inclusive, y desde una posición extrema, en infografías online. Para hacer una buena infografía lo único imprescindible es un buen profesional. La historia está llena de ejemplos que validan esta afirmación: ¿qué programas usaron John Snow, Playfair, Minard o Florence Nightingale? O, más recientemente y dentro ya de la infografía periodística, Peter Sullivan o John Grimwade. ¿Acaso los más grandes infografistas de la actualidad como Archie Tse, Fernando Baptista, Fernando Arranz, Alberto Lucas o Javier Zarracina entre tantos otros, no podrían hacer su trabajo en un escenario pre o post digital?

Inclusive visualizadores de datos vinculados conceptualmente al Big Data, un fenómeno que no existiría sin las nuevas tecnologías, como Stefanie Posavec, Domestic Data Streamers o yo mismo hacemos un uso extremadamente práctico de la tecnología.

Dicho esto, afortunadamente disponemos de ordenadores con software adecuado a nuestras necesidades. Es una herramienta maravillosa que nos facilita de forma enorme el trabajo, muy especialmente la edición de imágenes y textos. Pero, aun y usando el ordenador, es fundamental, según mi modo de entender, hacer trabajar la mente con un lápiz en la mano. Los tiempos, la materialidad, la imposibilidad de un ‘send to back’, hacen que el cerebro funcione de modo muy diferente si trabajamos manualmente o con ordenador. Primero hay que usar este modo mental, luego, y cuando ya esta todo decidido, conectar con el ordenador.

En mi caso: utilizo esencialmente Ilustrator y Photoshop, pero hay ocasiones en que directamente prescindo de todo software por que el trabajo no demanda su uso, aún más: atentaría contra lo que pretendo. Algunos casos claros serían ‘Café diario’ o ‘Datos en los bolsillos’

Los únicos casos donde la tecnología se hace imprescindible es en la visualización de millones de datos. La mente humana necesitaría siglos para poder procesar y posteriormente representar la información.


¿Crees que los infografistas deberán recurrir al conocimiento de programación para el desarrollo de trabajos más complejos?
Formulas la pregunta con el futurible ‘deberán’ y en verdad la necesidad de programación para la confección de determinado tipo de infografías es un hecho presente, como te indico al final de la respuesta a tu anterior pregunta. Esto abre la necesidad de un nuevo perfil profesional: hoy ya es necesario, cuando no imprescindible, un infografista que sepa programar, o un programador con mentalidad de periodismo infográfico, que para el caso es lo mismo. ¿Todos los infografistas necesitaran saber programar? No, como no todos deben ser ilustradores científicos. Estamos en una época donde se hace más necesario el trabajo en un equipo multidisciplinar donde ‘infografía’ es el concepto común.


¿Usted cree que los periódicos están invirtiendo en el desarrollo de la infografía y de los departamentos de artes?

Los periódicos no están invirtiendo lo necesario en la producción de periodismo de calidad, ni en contenido ni en forma. Algunos invierten lo posible dentro de la dura realidad económica de la profesión, pero resulta insuficiente. Los periodistas cada vez viajan menos, los medios recortan corresponsalías, como si se tratase de un trabajo fabril se exige al periodista la presencia en la redacción de un numero determinado de horas, se recortan incluso los tiempos de confección de un artículo –la implicación más grave de esto es un celo menor en el rigor informativo- y cubriendo diversas plataformas simultáneamente –papel, ordenador, tablet, smartphone- con necesidades muy diferentes.

Hay periódicos donde los departamentos de arte han pasado ha ser algo residual. Incluso la edición fotográfica, serio puntal periodístico, se ha visto afectado: en algunos medios de referencia es el propio redactor el que selecciona y edita la fotografía. En este marco desastroso, la infografía está resistiendo, en muchos medios, mejor que otras áreas. Quizá no se invierta lo necesario, o directamente no se invierta, pero se recorta menos.


¿Qué podemos proyectar para el futuro de la infografía en el periodismo?

Depende del futuro del periodismo. Lo que está en crisis no es la herramienta infográfica, bien al contrario, lo que esta en crisis es el propio periodismo: desapareciendo, desaparecido al menos tal y como lo conocimos. Si el periodismo encuentra el modo de recuperar o encontrar un nuevo espacio interesante, hay espacio para la infografía. Si el periodismo desaparece la infografía periodística, obviamente, también.


En particular, usted ya está experimentando nuevas prácticas de producción de infografía en Internet
Aunque soy consciente de que mi trabajo actual tendría buen recorrido en Internet mi producción se centra en soportes estáticos y físicos. Al menos nacen con esa concepción. No es que no me interese Internet o que me parezca mejor el formato físico. Aunque reconozco ser un apasionado del papel –o de la madera o el yeso o el metal- es una cuestión de capacidad de producción, de primar la calidad sobre la cantidad.


¿Los periodistas tradicionales van a necesitar aprender y producir sus propias infografías?

No lo veo posible ni deseable a corto plazo. Entiendo que cuando dices ‘tradicionales’ te refieres a redactores, periodistas que usan únicamente la palabra como herramienta. Creo que debemos regresar a la especialización: el periodista que escribe, el fotoperiodista, el diseñador editorial, el infografista, el realizador de video, el programador. ‘Quien mucho abarca poco aprieta’: el profesional que se ve obligado a realizar diversas tareas simultáneamente, como escribir y grabar un video, inevitablemente verá menguada la calidad de su texto y su grabación. Puede resultar divertido saber un poco de todo y un mucho de nada, pero para la calidad se me hace necesaria la profundidad, la especialización.


En su opinión, ¿cuáles son las revistas o infografistas que se están destacando actualmente?
Desde hace unos meses no trabajo en la producción diaria de un medio desde su interior. Estoy centrado casi exclusivamente en mi trabajo más personal, fuera de la agenda periodística. En el filo entre periodismo y practicas artísticas. Para la producción de mi trabajo actual no me resulta necesario mantenerme informado de lo que sucede en el mundo, lo cual, de hecho, cada vez me interesa menos. Si a esto le añado que los medios, tanto en papel, en internet o en televisión, hacen un trabajo mediocre, comprenderás que viva desconectado de la actualidad. No tengo televisión, ojeo el papel prensa en el bar o la sala de espera, no escucho la radio y apenas visito los portales de los medios. No puedo tener, por tanto, una visión de cuales son los medios que ofrecen calidad cotidianamente. Los medios que destacan los conozco por los trabajos que destacan y no a la inversa. Se que National Geographic está haciendo excelentes gráficos – como siempre por otra parte - por que conozco el trabajo de Alberto Lucas, no conozco el trabajo de Alberto por que sigo mensualmente la revista. No puedo aportar ningún hallazgo vinculado a los medios, ni publicaciones ni profesionales.

Pero cada vez hay más nombres fuera del periodismo que pueden resultar interesantes para el infografista de prensa, fíjate, sino, por favor, en el trabajo -no precisamente nuevo- de Mark Lombardi.




'Vida Sexual de Una Pareja Estable. Jaime y Francisca. 2010'
Diario 'El Mundo'. Sábado 13 de enero del 2018

La escritora canadiense Kate Sloan ha registrado en un documento excel la actividad sexual que ha mantenido durante el pasado año 2017.
Acompaña el reportaje mi obra 'Vida Sexual de Una Pareja Estable', visualización de mi propia vida sexual durante el año 2010







Universidad Cuauhtémoc
Querétaro, México
Noviembre del 2017



'4.896'
Desvisualización de datos. Encargo de la Universitat Oberta de Catalunya.
El trabajo representa a los 4.896 graduados del curso 2016-17. Cada cuadrado corresponde a un graduado y su color al tipo de estudio cursado

Impresión sobre metacrilato montado sobre dibond
100 cm x 102,95 cm



"La obra muestra una imagen, abstracta pero portadora de información precisa, de los 4.896 graduados de la UOC en 2016-2017. Cada graduado esta representado mediante un cuadrado del color de los estudios que le representan.

El concepto parte del píxel, icono gráfico en la era digital, y del color como generador de emociones que conecta a cada graduado con sus compañeros mediante el uso del mismo color, y con toda la comunidad UOC, plural y diversa, mediante los matices cromáticos.

Los datos se han deconstruido hasta convertirlos en una forma abstracta, sin extraer conclusiones cuantificables. De este modo se cuestiona, además, la despersonalización que se genera cuando aplicamos categorías genéricas a la singularidad del individuo."

Adaptación como diploma para el acto de graduación. Diseño de UOC


Comparación con '4.833', el mismo ejercicio, con la misma paleta de colores, realizado el curso 2013-2014


'No hay estética sin ética'
Conferencia online sobre ética en el ejercicio de la infografía periodística
14 de diciembre
Organiza Red ÉticaFundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez, Colombia
Más información



Vídeo de la ponencia


Transcripción en papel de la ponencia




10 Sinergias de trabajo entre departamentos de un medio de comunicación que facilitan la buena praxis en infografía.

Para incluir una infografía en un medio es necesaria la participación de, al menos, tres áreas. La comunicación y el respeto profesional entre ellas es un factor fundamental para un trabajo de calidad.

1. Para incluir una infografía en página participan tres departamentos. Las decisiones serán consensuadas bajo el criterio común de otorgar el máximo rigor informativo y la mayor facilidad de comprensión.

2. La decisión de incluir un gráfico en una página corresponde al editor de la misma.

3. La decisión sobre la idoneidad de la información para ser representada mediante una infografía corresponde a Infografía.

4. La dimensión de un gráfico está condicionado por su contenido informativo. Un formato inadecuado puede modificar la información. La sección capacitada para valorar la dimensión apropiada de un gráfico es el departamento de Infografía.

5. La documentación e investigación de la información puede ser exclusiva de infografía, del área donde se publique el gráfico o compartida, pero finalmente la responsabilidad de la veracidad del contenido informativo corresponderá a la sección donde se publica el gráfico.

6. La responsabilidad de que la información este presentada en forma rigurosa y comprensible corresponde a Infografía.

7. Las infografías deben entenderse por si mismas, sin necesidad de otros elementos de la página. Entendiendo que las infografías contienen información, esta no se repetirá en el texto de la nota.

8. Fuentes. Como explicación de un hecho noticioso la infografía debe sostenerse sobre una investigación y documentación exhaustiva. Debemos recurrir a fuentes fiables y especificarlas.

9. La firma es derecho del profesional que realiza el trabajo y signo de responsabilidad hacia el lector.

10. No debemos temer recurrir a la ‘fe de erratas’. Reconocer nuestros errores nos hace más creíbles.