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'Datos y verdades'
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'Datos y verdades'
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‘La comunicación posible’
'Datos y verdades'
'La Nación', Argentina
27 de enero


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‘La distancia entre 'tu' y 'yo’
'Datos y verdades'
'La Nación', Argentina
6 de enero

'Palabras que se tocan'
Prólogo para el libro 'Epopeyas de bolsillo' de Álex Prada

Sevilla, febrero del 2019






Palabras que se tocan
Hacía meses que metía la mano en los pequeños bolsillos de mi hijo como quien desenvuelve un regalo. Tras poner la lavadora en marcha, me quedaba mirando con fascinación los tesoros extraídos del minúsculo pantalón: la cerilla usada, las tres piedras romas, la goma elástica, la media pinza mordida... Todo tipo de objetos, pero no cualquier objeto. Incapaz de desprenderme de ellos, me preguntaba cuál era el criterio de selección. Tras seis meses de recolección había llenado cinco cajas de zapatos. Aparté el sofá y sobre el suelo de la sala construí círculos concéntricos con los objetos distribuidos bajo cuatro conceptos: juego, dulce, naturaleza, magia.


 Llegados a cierto punto –pongamos por caso cincuenta y cuatro- lo sorprendente es sorprenderse: Álex Prada, autor literario, poeta, al que desconozco, me pide un prólogo para su último poemario. Argumenta que mis Datos en los bolsillos lo llevaron a escribir varios poemas de este libro y que ahora es justo realizar el ejercicio a la inversa.

a) Presupongo que Álex sabe que la palabra no es mi herramienta primera: resulta más sencillo esquivarla que enfrentarse a ella.
b) Curioso conectar, de la infografía a la poesía y viceversa.

Si bien todas las expresiones artísticas están muy educadas, la palabra es educación. Y, sin embargo -o precisamente por ello- solo el poeta puede abrir una brecha en la pared del presidio que es la palabra heredada, vehicular. Es la expresión, por otros canales y con otros medios -lo musical o lo visual-, más sencilla de alcanzar. Pero asistiremos presos a la expresión auditiva o visual. Pensamos con palabras, no con imágenes o sonidos. Otro modo de usar la palabra supone otro modo de pensar. La destrucción, mediante la palabra, de la palabra impuesta (o regalada, como me dijo el amigo Carlos Grassa Toro).

Y si la palabra es puesta al servicio de destruir la cárcel que con la cultura tan eficazmente hemos construido, aprecio en el uso de la infografía, en pro de la subjetividad, un ejercicio, aunque más modesto, similar. Es la infografía un método nacido al servicio de la ciencia, es decir, de lo objetivable, recorrer con ella el camino contrario bien podía ser, en sí mismo, un acto poético.

Cita Álex, también, los bolsillos de Chesterton y su actitud bartleviana frente a lo que intuye una epopeya fuera de época: «Un poemario enteramente dedicado a las cosas que llevo en los bolsillos».
¿Es Álex Prada un temerario entusiasta que se anima a lo que Chesterton, príncipe de las paradojas, no se veía capaz? No. No estamos frente a una epopeya de Álex. Estamos frente a la epopeya de todos narrada por Álex.
En estas páginas, bolsillos de papel repletos de palabras, nos recuerda Álex que las auténticas epopeyas son de estar por casa, la epopeya de transitar la vida con lo que encontramos y recogimos en el primer tramo del camino: una brizna de melancolía, un hilo de temor enmadejado color ansia, un pedazo de desazón mordida, un alambre oxidado por la rabia que nos pincha cada vez que metemos la mano. A veces, pocas, capaces de desprendernos de algo, y otras, menos aún, nueva recolección. Siempre, todo ahí, cotidianamente, al alcance de nuestras manos.
Aunque, para este prólogo, lo importante no es la autobiografía sin hechos que a oscuras transportamos, sino los bolsillos en sí mismos, y las manos. Porque mientras unos cargan pesadamente, otros, los menos, -Álex, en este caso- palpan, manosean, sacan a la luz por un momento para observar, mientras traspasan del bolsillo derecho al izquierdo, hasta construir palabras que puedan tocarse, las únicas verdaderas. Habla Álex Prada con palabras palpables, que convierten las yemas de nuestros dedos en órgano olfativo por donde se introducen, hasta el hipotálamo, el «hueso seco de aceituna» y «las repes». El tiempo «como papel de lija» y «el recuerdo pegajoso». Lo sucesivo como simultáneo. Quizá por ello la buena poesía deja de ser palabra en cuanto ha sido leída –o mejor, escuchada-. Es toda presente: «Nothing matters but the quality / of the affection—/ in the end—that has carved the trace in the mind; / dove sta memoria?».

- Papá, ¿qué hay aquí adentro? -preguntaba en brazos, mientras mi minúscula mano se introducía en el vacío sin fondo del bolsillo interior del abrigo de piel de camello.
- El infierno -contestó mi padre.
Solo muchos años después descubrí que, efectivamente, ahí estaba el icono de Rimbaud pasando una temporada.



2014