Postgrado en Infografía y Visualización de Datos

Segunda edición

Universitat de Girona

Abierta la matrícula

On line, por videoconferencia

16 plazas

Información y matrícula g

 

“La presentación visual de la información y los datos llama la atención, y permite pasar más rápidamente de los datos a la información, y de la información al conocimiento.

Las infografías explican claramente incluso los temas más complejos, ya que la combinación de textos con imágenes y gráficas es más efectiva que únicamente la palabra.

Presentar y comunicar los datos de formas efectiva acelera la toma de decisiones basadas en datos.

Disponer de unas competencias de comunicación visual para transformar los datos y la información en mensajes claros, digeribles y significativos no es un extra, sino un requerimiento básico para cualquier profesional de la comunicación, la creación de contenidos, el marketing digital y la visualización de datos.”

Razones para hacer el curso. Texto extraído de la página web del Postgrado


Una autobiografía sin hechos

Algunos coleccionan sellos, otros discos o fotografías; él sencillamente lo guardaba todo. Cada día la misma rutina: el traje gris, el coche gris, el trabajo gris. Solo sus bolsillos se llenaban con las tonalidades de un universo de objetos que recogía compulsivamente.

Luego se quedaba despierto hasta altas horas de la madrugada diseccionando los objetos mediante dibujos descriptivos: cotas, material, supuestas utilidad, relación con otros objetos…

Almacenados en centenares de cajas acumuladas con los años, la vida formada por los objetos, de los que era incapaz de desprenderse, le parecía mucho más rica que la creada con sus actos. Era una autobiografía sin hechos.

Con el tratamiento conductual y la medicación ha logrado ser –casi- una persona normal. Regresa con los bolsillos vacíos y pasa horas mirando fijamente el papel con el lápiz entre los dedos. Va despejando el espacio que las nuevas cajas habrían ocupado, hasta que su casa ha quedado completamente vacía, como el resto de su vida. Ha transformado su comportamiento neurótico en una infelicidad común.


‘Datos y verdades’

La Nación, Argentina

3 de febrero del 2019











Poeta y periodista

Si usted no puede imaginar una columna escrita por un personaje que fuese un émulo de Jarry, pero más serio y espartano, cuyo ánimo fluctuase entre la resignación y la constatación fría, o fresca, la mordacidad y la crítica, pero que además insistiese en relacionar palabras con imágenes, o bien dejar que las imágenes fluyan por su lado y las palabras las acompañen (o a la inversa), a ver cómo se relacionan, bueno, usted no ha visto-leído las columnas de Jaime Serra en el diario La Vanguardia, publicadas desde hace poco menos de dos años. Aunque Jaime me ha rogado que no mire esto desde el punto de vista de los fenómenos o innovaciones periodísticos, no puedo dejar de anotar que tales columnas son una innovación en ese oficio o profesión en el que se mueven artistas, escritores, algunos líricos y personas con afán de narrar, para quienes el periodismo debería ser considerado, en su totalidad, como una de las bellas artes: el arte de armar una representación del día pasado (al menos, en el periodismo sobre papel: en el digital, podría decirse que la intención sería armar la totalidad del minuto). Serra ha tenido el privilegio de cultivar un espacio a su antojo, y quienes se lo han dado partieron tal vez de la premisa de que los columnistas pueden hacer de sus columnas lo que les venga en gana, en tanto sea lícito y legal. Y a veces, si ni siquiera lo parece. Así, Serra ha narrado a su modo, ha desarrollado teorías, ha constatado la existencia de la no existencia, ha hecho gráficos de ideas e ideas de gráficos, ha convertido un poema célebre en un concierto de colores: ha, digo, en cierto modo y hasta cierto punto, parodiado sin ánimo de ofensa la moderna profesión de los infógrafos y los estadísticos, el antiguo arte de la didáctica, que representa gráficamente las ideas en pizarras y manuales, para mejor asimilación de aquellas por parte de los educandos. El periodismo todo ha tenido y tiene un orgulloso tic didáctico. No hay nada que complazca más a un periodista que enseñar, desarrollar, exponer, limando los sobrentendidos, todo aquello que sabe. Una sola crónica podría convertirse en un tratado de ciencias varias si el periodista tuviese un espacio ilimitado para expandir su background. Ahora bien: las columnas de Serra son lo opuesto a esto. O son la realización de esto. Serra no sabe nada, y expone, e infiere, sobre lo que no sabe. Pero, por favor, y antes que se malinterprete: Serra ignora todo cuanto ignoramos o preferimos ignorar (excepto a los canallas). Su lógica es patafísica, pero es lógica. Desemboca en los atolladeros de la lógica, que se resuelven en el disparate o la melancolía. Pero Serra no intenta ser disparatado, sino mostrarnos espejos. Espejos que reflejan espejos. ¿Espejos deformantes o espejos fidedignos, que prolijamente registran las protuberancias cuasi monstruosas que llamamos vida… a su vez reflejadas, atrapadas, en los compartimentos de las cifras y los datos? Preventivamente, las conclusiones de Serra –excepto las morales– no son definitivas, sino constataciones de todo cuanto ignoramos todos, incluso los sabios. Pero se presentan a veces con la ingenua seriedad con que los sabios presentan sus verdades. Por estas vías, el arte de Serra es arte. Quiero decir con ello que con sus instrumentos se podrían haber armado cosas muy ingeniosas, pero sin ética y estética complementarias entre sí. Nos reiríamos con las capacidades combinatorias de un cómico puesto a esta tarea. Cómico cuya crítica resultaría funcional y sería resultado de un uso funcional de recursos expositivos graciosamente combinados. En cambio, nos sonreímos, las más de las veces, con Serra. No más. Porque su utilización de la gráfica y los textos no es funcional, como -queda dicho-; no es didáctica ni resolutiva, salvo excepciones, claramente políticas. Aquí, cada elemento que se pone en juego está al servicio de sí mismo, ya sea una estadística, una imagen o un texto. Me han gustado especialmente el relato pesadamente enmarcado del zapato solitario sobre el escritorio (“Sólo es un zapato”) y “Diario sin hechos”. Ved en esto, os suplico, la filosofía de la que hablaba al principio, si aquí hay alguna.

Texto incluido en el libro-objeto ‘Una paradoja dominical’
La Vanguardia, 2012



‘Una historia inadmisible’
'Datos y verdades'
'La Nación', Argentina
10 de febrero
Premios ÑH 2019 

Bronce en Infografía. Revistas



El poder es subjetivo


El verdadero espacio de poder se encuentra en la subjetividad, poderes y contrapoderes de todo tipo luchan constantemente por mantener su hegemonía sobre ella.

La duda
Anika tenía dos amantes. Con ambos quería comprometerse y por tanto con ninguno podía. Lo tenía todo previsto para cuando se decidiera: se mudarían a una casa en las afueras y tendrían dos hijos: un niño y una niña. Pero, mujer de este tiempo, toda decisión debía tomarla la razón. El instinto no era argumento, solo un incomodo y gutural ruido. Y la razón no le servia para decidir entre Pablo o Eric. Un día leyó sobre la ‘opción margarita’ en un libro del S.XIX.

1. Debía establecer un periodo para decidir. Treinta y dos días le pareció suficiente para establecer una lógica.

2. Con su ordenador dibujó dos margaritas -una para cada pretendiente- de 32 hojas -una para cada día-. El día que no se viera con Eric arrancaría una hoja de su flor, lo mismo haría con la de Pablo. Al final se decidiría por el que mantuviera más hojas, pues sería con quien más le gustaba estar. Una decisión razonada.

Hojas que le quedaron a Eric


Hojas que le quedaron a Pablo


Con lo que Anika no contaba era con una mayoría de hojas que no correspondieran a ninguno de los dos.

Hojas de los días en que Anika que estuvo sola



Desconcertada dedujo que, en lógica, como mejor estaba era sola. Dejo a los dos amantes y con el dinero ahorrado para su proyectado futuro, compro un piano. A los dos meses se casó con Juan, su profesor de música. En la tarjeta de boda incluyo una enigmática frase:

“Solo me equivoco cuando
pienso que estoy equivocada”

La Vanguardia. 22 de agosto de 2010