Infografía subjetiva-Desvisualización de datos / Subjective infographics-Data desvisualizatión
Difusión editorial

Difusión en espacios expositivos

Infografía periodística
¿Quién es Jaime Serra?/ Who is Jaime Serra?
Blog

La Oficina
jaimeserrapalou@gmail.com
Facebook
Twitter
Instagram

'Me gusta pensar que mi arte es contemporáneo'
Entrevista de Ernesto Olivares. 13 de agosto del 2015

¿Qué es (o qué se traen entre manos con) el “Big Bang Data”? ¿Cómo les ha ido en Barcelona?

Creo que es una pregunta que deberían responder Olga Subiros y/o José Luis de Vicente, los curadores de la exposición. Mi participación es la de un artista al que le han pedido que participe con unas piezas. Entiendo que consideran que tengo algo que aportar al mundo del ‘Big data’ desde mi particular perspectiva. 
La exposición en Barcelona (y Madrid) ha sido un absoluto éxito de público. Según la información de que dispongo ha sido la segunda exposición más visitada de la historia del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el cual, de por si, dispone de un gran poder de convocatoria. También está siendo una exposición de éxito por el interés que despierta en los medios y en espacios expositivos de diversas ciudades que se han interesado en llevarla, desde Buenos Aires -donde se encuentra en exposición actualmente y hasta el 28 de noviembre-, a Merlbourne, Londres o Shangay.

¿Crees que “lo virtual” les ha devuelto a las personas la capacidad de moldear su propia identidad?
No. No nos ha sido devuelta la capacidad de moldear nuestra identidad por que nunca perdimos tal capacidad. De hecho debemos ir revisando y moldeando nuestra identidad durante el transcurso de toda la vida si queremos mantenernos al día con nosotros mismos y minimizar los conflictos.
Además, ‘nuestra identidad’, es algo que varia en función del entorno, a veces de modo notable, llegando en algunos casos a tratase de identidades en aparente contradicción: ‘El –no tan- extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’; ‘Yo es otro’, dicen que le escribió Rimbaud a Demeny; y antes Quevedo: ‘Soy un fue, y un será…’. Y antes que Quevedo….
Pero si es cierto que ‘lo virtual’ facilita, amplifica y hace más consciente las posibilidades en este sentido. La virtualidad nos permite no solo moldear, ‘jugar’ a construir diversas identidades absolutamente diferentes, incluso artificiosas. Pero finalmente el modo de sentir, gestionar y reflexionar de todas nuestras identidades tiene una única persona. Los ensayos de identidad que hagamos ¿tendrán desarrollo únicamente en el mundo virtual o podrán contribuir al enriquecimiento de la persona? Es posible, en la medida que hagamos aflorar y darle ‘carta de ciudadanía’ a aspectos de nuestra persona que se movían en un umbral de baja consciencia. En ese sentido es interesante la posibilidad de experimentar que ofrece la virtualidad.


¿Cuáles son los riesgos de esta “Era Digital”?
En los inicios el mundo digital era esencialmente Internet. Un estado casi anárquico, fuera de control, anónimo, donde todo parecía tener cabida. Con el tiempo el estado digital se ha ampliado en otros soportes tecnológicos y espacios de vida desconectados de la Red. Con ello hemos pasado de un modelo anárquico a uno hipercontrolado. No puedo evitar trazar una analogía con el mundo que, de un modo mesiánico, dibujo W.S. Burroughs: ‘Un mundo donde vivir es colaborar’: cada día más acciones de nuestra vida cotidiana –y no solo las que tienen que ver con la actividad comercial- entregan información precisa –datos- sobre nuestras vidas a los organismos de poder: gobiernos, multinacionales, cuerpos de ‘seguridad’…
La mayor parte de la colaboración con el hipercontrol es difícilmente evitable: se produce al utilizar el GPS, al usar la tarjeta de descuento en la gasolinera o al domiciliar el pago de la tv por cable: ‘vivir es colaborar’. Es el sueño de una Stasi del consumismo –un ismo que ya no está acotado al acto material de comprar: dispone de toda una ética propia-.
Las redes sociales, con Facebook como icono, son utilizadas en muchos casos como un modo de onanismo compulsivo que, además de improductivo, dificulta en gran medida las relaciones amicales armónicas y estables. Por supuesto lo masturbatorio no tiene nada de malo para el individuo, bien al contrario, pero la adicción si.
Más grave que la adicción masturbatoria –que no afecta directamente ‘al otro’- las redes sociales son, también, un modo de coacción del individuo frente al conjunto. Son un altavoz del pensamiento único imperante. Un estupendo modo de alienación, ya que creemos estar manifestando nuestra opinión cuando, en verdad, muchas veces, actuamos de amplificadores de la opinión del súper yo.
Un mayor número de canales de difusión de opinión necesitan de un mayor número de opiniones. De lo contrario tendremos un mayor número de canales de difusión para una pocas opiniones, con el poder represivo que esto conlleva por parte del ‘super yo’ para el ‘yo’.
Nunca había existido una globalización ética y moral como en la actualidad y esta coincide temporalmente con el nacimiento y desarrollo de la era digital.
Imaginemos a alguien que vive aislado, sin apenas contacto con el conjunto de sociedad. Muy probablemente llegue a conclusiones, a una construcción ética del mundo muy diferente a la de un individuo que viva en la moral de una sociedad. Es el bombardeo permanente de supuestas opiniones individuales el que nos sitúa dentro del margen del ‘pensamiento único’. Era más fácil enfrentarse a un solo individuo –aunque fuese un sacerdote- que a tus pares.
Pensémoslo mediante un hecho concreto: Cuando yo era niño en casa de mis abuelos se celebraba anualmente la matanza del cerdo. Este era un ritual festivo que marcaba el paso del tiempo y su bonanza o su penuria. Funcionaba, incluso, como un ritual iniciático donde los niños que alcanzaban cierta edad participaban de modo activo. Por ejemplo guiando al animal hacia el matarife, sosteniendo el balde que recogía la sangre para elaborar embutidos que manaba en chorro directamente del cuello del animal, llevando las piezas de carne recién cortadas expulsando vaho en contraste con el frío del invierno en que se celebraba esta fiesta. En algunas familias, a mitad del descuartizamiento se cubría el animal con un mantel sobre el que se cenaba, de pie. Si utilizase Twitter para difundir estas vivencias puedo imaginar un trending topic terriblemente represor.
Ya no hacemos la matanza, ya no hay rito, iniciación, reunión, familia. El animal es asépticamente –o no- sacrificado y hacemos campañas contra el maltrato animal.
Obviamente apruebo todo respeto hacia los animales y la ausencia de violencia innecesaria. Pero no me parece que mis abuelos me enseñaran a menospreciar a los animales o a tratarlos con crueldad, bien al contrario, los animales para ellos eran una necesidad, un bien precioso mucho más allá del animal de compañía. Les profesaban un amor sincero.
El pensamiento único, construido mediante palabras más que mediante experiencias, es una cárcel ideal para los mecanismos de control: esta iluminada y no tiene límites aparentes, puedes estar en ella de forma inconsciente –incluso sentirte cómodo en ella-.
Sin duda son muchos más los riesgos, pero estos son a mi entender los más peligrosos: el hipercontrol, las actitudes masturbatorias intelectuales o físicas y, muy especialmente, por que de este dependen en gran medida los dos anteriores, el pensamiento único: la mayor de la represiones.


Realizaste un trabajo impresionante sobre tu propia vida: hiciste una suerte de infografía con tus datos… ¿Cómo fue esa experiencia?
No es una experiencia pasada: es mi trabajo actual: la representación de retazos de una vida concreta –la mía- mediante la utilización de los datos como materia prima y de la infografía como herramienta lógica. Es un trabajo en proceso. Inicialmente no utilizaba datos; realizaba infografías mediante diagramas y sencillas ilustraciones para comunicar reflexiones personales sobre el mundo exterior –‘Excéntricos’ o ‘Pinta y colorea’ son dos ejemplos claros-. Con el tiempo he sintetizado la reflexión en la selección de determinados datos personales –‘Vida sexual de una pareja estable’ o ‘Datos en los bolsillos’ son ejemplos en este sentido-.
He trasladado mi reflexión personal a un lugar donde subyace sin ser evidente, lo que permite, invita, a la de reflexión del espectador.
Hay una voluntad por mi parte de trazar un retrato del individuo actual mediante los datos concretos de uno de ellos –yo, aunque no por mi singularidad, si no por mi medianía, podrían ser los datos de cualquier otro al que tuviera acceso-. De este modo ‘el otro’ puede verse reflejado en mis datos y vestirse con ellos, hacerlos suyos. Es por este motivo que procuro elegir temáticas de interés universal: la adicción, la sexualidad, la relación familiar o social, etc.
El uso de datos personales no tiene absolutamente nada que ver con una vía de autoconocimiento. Esta idea se me hace ridícula. Centrar mi trabajo en los datos me ha hecho modificar también los modelos gráficos de representación. Procuro que la estética esté libre de opinión para dejarle todo el espacio a la ética. El paso siguiente sería la conversión de la estética en ética, algo que ya ensaye con éxito en el pasado con la comunicación de hechos periodísticos, pero me siento lejos todavía de conseguirlo con las temáticas que trato actualmente. Por ahora debo centrarme en la ética y limitar la estética.
La datificación de un conjunto social es una realidad muy discutible ya que los individuos solo suponen una unidad sobre el total. La de una persona concreta, que hace algo concreto, durante un periodo de tiempo concreto es absolutamente preciso: la unidad es el total. Es una especie de hiperrealismo de lo intangible.


¿A qué crees que se debe el boom de la visualización de datos o “data visualization”? ¿Por qué se dice que es el “nuevo petróleo”?
En primer lugar lo obvio: a la capacidad tecnológica para recoger, almacenar y visualizar enormes cantidades de datos. Es importante destacar el aspecto tecnológico precisamente por que el fenómeno hoy va mucho más allá.
Personalmente no me interesa la datificación masiva, los datos de un conjunto social no creo que me puedan aportar gran cosa como individuo. En mi trabajo la tecnología no es necesaria, me basta con un lápiz, un papel y sencillas operaciones matemáticas, pero no estaría trabajando con datos sin una tecnología que hubiese permitido la aparición del fenómeno social que denominamos ‘Big data’. 
La visualización de datos personales, aunque sean los de millones de personas, nos abre a la pregunta eterna: ¿quién soy?. Esta pregunta es la que subyace en el ‘Big data’ y es la que hace el fenómeno seductoramente irresistible.
La simple formulación de esta pregunta –aun y sin encontrar la respuesta- enriquece al individuo y, a la postre, al colectivo del que forma parte en el único modelo de evolución posible.
La analogía con el petróleo es una alusión clara al uso mercantilista de los datos. El consumo es, por ahora, el aspecto social más –¿el único?- claramente beneficiado con el ‘Big data’. Si se trata de convertir los datos en petróleo me haría feliz el borrado de todos los data center: los datos son potencialmente mucho más contaminantes que el petróleo.


En el 2001, Lev Manovich escribió sobre una “poética, una estética y una ética de los datos”. ¿Qué piensas al respecto?
Hablar hoy sobre una ‘poética, una estética y una ética de los datos’ parece de una obviedad que hace especialmente brillante la formulación de Manovich. Pero se hace obvio cuando él lo formula, no antes. Su pensamiento es tan contemporáneo que podríamos caer en la tentación de creer que ya lo habíamos pensado antes, lo cual seguramente no sea cierto. De todos modos no puedo hablar desde una perspectiva teórica: me faltan conocimientos. Puedo hablar desde mi experiencia: estoy construyendo mi poética y mi ética sobre los datos. Mi estética es algo que todavía no he tenido tiempo de abordar en profundidad.


¿Por qué has elegido las infografías? ¿Por qué el interés por los datos?
Hace muchos años llegué a los albores de la infografía periodística. He tenido la enorme fortuna de pertenecer a una generación de profesionales que definió esta profesión tal como hoy la conocemos. En la última década he ido paulatinamente perdiendo el interés por el periodismo, en parte por cuestiones personales en parte por el desgraciado camino que ha tomado la profesión, y he retomado el interés por las prácticas artísticas más puras. Habiendo alcanzado unos niveles de conocimiento destacables en el uso de la infografía como herramienta de narración de hechos, me parecería de necios no plantearse sus posibilidades como herramienta de construcción de una obra y un discurso propio en el mundo de las practicas artísticas. Mi conclusión es que se trata de una herramienta igualmente valida para la narración de subjetividades, esto es de verdades, lo que, a mi entender, forma la narrativa artística. La herramienta, la técnica, aun y siendo importante, no es lo esencial. Seguir utilizando la infografía como herramienta se convirtió en una cuestión lógica y práctica: domino la técnica: puedo centrarme en la ética y la estética: lo relevante.
La utilización de los datos se debe más al interés común que al particular. Podría utilizar otros recursos para construir un discurso similar. Me interesa el público, como llegar con mis propuestas a él. Los datos además de ser una materia prima que se lleva muy bien con la técnica que he decidido utilizar (de hecho la única herramienta que nos permite la apreciación de su existencia) resultan muy seductores para el público y muy representativos del momento histórico en el que vivimos. Yo creo en el artista contemporáneo que trabaja acorde al momento histórico que le ha tocado vivir. Me gusta pensar que mi arte es contemporáneo.